Toda mi adolescencia fui dientes de lata, sí, los frenillos
me acompañaron durante casi 8 años durante aquellos días de juventud, y aunque
mi realidad era más cercana a Betty la Fea que a Sharon Spitz –because latin
power-, antes de entrar a la uni mi querido tío dentista dio su trabajo por
finalizado, me los quitó y me entregó una sonrisa en libertad... Hasta ahora.
